En sus casi dos siglos de independencia, Bolivia ha sufrido innumerables Golpes de Estado, lo que demuestra el respeto por la democracia que tiene buena parte de la casta política del país. Todos los gobernantes, hasta la llegada de Evo Morales, han sido sumisos los intereses de las multinacionales extranjeras, a las que han regalado los grandes recursos naturales del país, en detrimento de su propio pueblo.
Un buen ejemplo es el de Sánchez de Lozada, quien puso punto fi nal al proceso de venta de los recursos hidrocarburíferos, iniciado en los años ochenta. Goni, como lo conocen en Bolivia aceptó regalar todo cuanto pudo a las multinacionales, desde las reservas de gas y petróleo a Repsol-YPF, Petrobras y BP, hasta acciones del gaseoducto que conecta Bolivia con Brasil a la eléctrica norteamericana Enron.
La venta indiscriminada de los recursos naturales lógicamente ha pasado factura: dos terceras partes de la población vive bajo el umbral de la pobreza, alcanzándose en las zonas rurales las cuatro quintas partes.
Pero frente a las injusticias, el pueblo se movilizó en toda una serie de luchas: por mantener público el servicio del agua, por el incremento de las pensiones, por incrementar el gasto social, por el mantenimiento y el respeto a los cultivos tradicionales de coca, y por supuesto, las reivindicaciones sobre la propiedad efectiva de los recursos naturales. Esta combatividad ha dotado de unas enormes experiencias y conocimientos para el pueblo boliviano que fue conquistando toda una serie de conquistas: desde revertir la privatización del abastecimiento del agua, en 2000, hasta echar del gobierno al propio Sánchez de Lozada y después a Carlos Mesa. Esta experiencia ha dotado al pueblo boliviano de organización, de poder popular, premisa para cualquier proceso de cambio social.
Y la consecuencia de este proceso de organización y movilización popular fue el triunfo incuestionable de Evo Morales en las elecciones presidenciales, el primer indígena que llega a la Presidencia de la República. Su trayectoria de compromiso con las reivindicaciones del Pueblo Trabajador Boliviano ha puesto nerviosos a las multinacionales y a sus voceros, los medios de comunicación capitalistas. La lamentable y patética “broma” de la cadena COPE a Evo Morales, o los adjetivos sobre su indumentaria en su visita al Estado Español no son más que un reflejo del mensaje que se empieza a mandar desde los centros de “información”: inductor del consumo de cocaína, populista, amigo de Chávez y Fidel, etc. Es curioso, que cuando gobernantes bolivianos acumularon decenas de muertos y una nefasta gestión del país a sus espaldas los mismos medios no levantaran la voz.